lunes, 4 de abril de 2016

Lunes.

Hay días malos. Días en los que no deberías levantarte de la cama. Días en los que no hay ni un rayo de sol, solo lluvia, mucha lluvia. Es como si el día reflejase tu estado de animo mejor de lo que tu mismo podrías hacerlo. Hoy te replanteas muchas cosas, entre ellas, qué haces, por qué lo haces y para qué lo haces. Posiblemente mi yo habitual respondería con algún texto sacado de algún libro o foto motivacional, pero hoy no. Hoy no hay motivación que valga. Estoy cansado. Me he vuelto a caer, ya ni siquiera llevo la cuenta del número de veces que lo he hecho, pero es que esta vez ya no quiero levantarme. Hoy mi cabeza tampoco está donde debería. Me pide desconectar, de todo, de todos, sabiendo que esto implica fingir normalidad cada vez que alguien me pregunte "¿Qué te pasa?". Necesito estar solo y pensar, pensar mucho. Necesito replantearme ciertas cosas y decidir. Por ahora, de lo único de lo que estoy seguro es que debo ser valiente, y no hay mayor acto de valentía que rendirse.

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